Con vistas al mundo

Una autocaravana, cuatro ruedas, un habitáculo con todas las comodidades posibles, un motor que ruge ferozmente con el devenir de los kilómetros y una aventura que comienza en cada nuevo viaje con vistas al mundo, un mundo que se ve de otra manera a través de nuestra ventana, se descubre y se siente más cercano, más provocador, incluso nos incita a sacar nuestra faceta más primitiva, esa que nos acerca más a nuestra espiritualidad, que nos une a la tierra en un viaje iniciático sin retorno que comienza con un simple gesto: “una llave girando en el contacto de encendido de nuestra autocaravana”.

El mundo aparece como un lienzo en blanco, que coloreamos a nuestro antojo, añadiendo tesoros a nuestro mapa viajero que luego se convertirán en experiencias. Bosques, lagos, ciudades, todo vale a la hora de preparar nuestro viaje, todo se convierte y se va desdibujando a medida que el tiempo pasa, y nos vuelve a recordar el porqué comenzamos a viajar y a disfrutar de la mejor ventana del mundo, la de nuestra autocaravana, pues ésta se convierte en los ojos del viajero, y en el escaparate perfecto de los sueños conseguidos.

Una vela, un instante, una risa entrecortada, y un universo a nuestros pies que se deja descubrir, que nos grita que nos atrevamos, que olisqueemos  la vida, y que nos dejemos… simplemente llevar.